Thursday 5 march 2009 4 05 /03 /Mar /2009 22:26

Por la mañana tomé el tren hacia Sarriá, provincia de Lugo en donde es común que inicien el camino a pié los que como yo, no tienen muchos días. Antes de bajar del tren conocí a un español, una uruguaya y un inglés que también iniciaban ahí su camino, juntos buscamos las flechas amarillas que te guían durante el trayecto hasta Santiago de Compostela.

Desde la estación de RENFE hay baldosas en el suelo que te van marcando la dirección hasta ellas y muchos con los símbolos representativos como la vieira, el bastón y por supuesto las mochilas, las seguíamos emocionados.


Para demostrar en Santiago que has hecho el camino debes sellar tu credencial de peregrino en cada inicio, final ó durante cada etapa, así es que frente a la Iglesia de Santa Marina en el centro de Sarríá puse mi segundo sello y en el monasterio de las Magdalenas que ya está a las afueras inicié mi primera etapa: De Sarria a Portomarín.

El paisaje era increíble… el camino en paralelo a las vías del tren, la emoción del primer día, el bosque, la campiña con flores, los borregos, las flechas amarillas, los mojones del camino, las montañas, la tranquilidad, los poblados, las casas típicas, los campesinos apilando paja, las vacas, el olor a leña, a hierba, a tierra, los sonidos, más peregrinos, las Iglesias del camino como la de Sta. María de Ferrereiros ó la parroquia de Santiago de Barbadelo con su antiguo pórtico romano, la incertidumbre, los puentes, los ríos y finalmente: Portomarín.


Llegué justo a tiempo para alcanzar sitio en el Albergue de Peregrinos, en él conocí a dos españoles que tenían problemas con algunas chicas de las literas continúas pues hablaban Inglés y no entendían que en los albergues de Peregrinos no se separan hombres y mujeres, los ayudé a entenderse un poco con ellas y nos hicimos amigos, en casi todas las etapa los encontré y por supuesto siempre nos tomamos unos minutos para platicar.


Después de tomar un baño, compré algo de pan, jamón, mayonesa en sobre y me hice un bocadillo, caminé un rato por las calles de Portomarín y entré a la Iglesia de San Nicolás, una de las más bellas a mi parecer, en especial por el enorme rosetón que adorna su fachada, en su interior me senté unos minutos a disfrutar la paz y sobre todo a dar gracias por conocer tantas cosas en un solo día. Regresé al albergue y descansé.

Por Cecilia Moctezuma
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Wednesday 4 march 2009 3 04 /03 /Mar /2009 21:17

Hace tiempo escuché hablar de él, aunque en ese entonces no le di mucha importancia, después vi un reportaje en televisión donde decía que fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y finalmente leí un libro de Paulo Coelho que lo describía, así comencé a investigar un poco sobre su origen, su ubicación y su significado.


Poco a poco creció en mí el deseo de conocerlo y en Septiembre del año pasado mis pasos siguieron las marcas que desde la Edad media han dejado los caminantes.


Peregrinos detengan el tiempo y revivan sus rutas, por unas horas sean parte de la historia y forjen sus huellas a cada paso, sientan su magia y emocionados abracen al apóstol que al final los espera gustoso, sueñen con él y al abrir los ojos, vivan como yo el legendario Camino de Santiago.
 LCMD

Y esa noche tomé mi mochila, me dirigí a la estación, esperé a que llegara la hora y comencé sola una inolvidable aventura…Me habían dicho que el castillo de los Templarios de Ponferrada era un sitio que no me podía perder, así es que mi primer parada en el camino de Santiago fue en la Capital de la comarca del Bierzo, en León.   

Tomé el tren desde Barcelona a las ocho de la noche para llegar por la mañana, fue un viaje largo pero tranquilo en donde conocí mucha gente, pues era de los trenes viejos con cabinas que llevan cuatro asientos de un lado, cuatro del otro y una ruta con varias paradas, así que en cada parada bajaban unos pero casi de inmediato subían otros y la cabina se volvía a llenar, nunca me había subido a un tren así; dos de los que subieron se dirigían al camino y al ver la vieira en mi mochila iniciaron los comentarios, aunque claro, con tanta cercanía era difícil no entablar conversación.


Finalmente nos quedamos 3 personas en la cabina y pudimos dormir, cerramos la puerta de la cabina y las cortinas, acercamos los asientos de enfrente y prácticamente fuimos acostados gran parte del camino, en la madrugada el tren se detuvo un buen rato pero con lo cómodos que íbamos solo escuchamos algo sobre un cambio de máquina o algo así, por la mañana nos enteramos que el retraso de 40 minutos se debió a causas ajenas a RENFE (la compañía de trenes), infortunadamente una vaca había encontrado un mal sitio para pastar y pasó a mejor vida, no sin antes destrozar la parte delantera del tren.


Como el objetivo del camino es ir sin prisas, el retraso no afectó mi itinerario y ya que RENFE nos dio un desayuno como disculpa, tampoco afectó mi bolsillo. Caminé por las calles de Ponferrada visitando la Basílica de la Encina, la Calle del Reloj, el Ayuntamiento, las Iglesias de San Antonio y San Andrés, la Iglesia de Santo Tomás de las Ollas que estaba en un pueblo cercano a la ciudad y por supuesto el legendario Castillo de los Templarios, lugar mítico que te hace viajar por el tiempo en cuanto pones un pié en su interior.

    

En un parque comí un mi bocadillo y al terminar mis visitas me dirigí al albergue de peregrinos en donde pude tomar un baño y pasar la noche, era un lugar muy limpio y agradable, tenía una capilla en la que celebraban misas para los peregrinos y todos se hablaban como si fueran amigos aunque se acabarán de conocer. Unos ciclistas italianos fueron mis vecinos de literas y uno que hablaba un poco de Español, platicó un rato conmigo, la otra anécdota de ese día además de la vaca, fue un predicador que tenía excelentes pulmones pues con sus ronquidos no dejo dormir a los pobres ciclistas que con cada ronquido expresaban ¡mamma mía!, ¡maaaamma mía!
  


Yo dormí bastante bien a pesar del ruido, creo que el cansancio del día fue un factor importante.

                         
Por Cecilia Moctezuma
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Tuesday 13 january 2009 2 13 /01 /Ene /2009 14:55

Siempre es difícil estar lejos de casa, pero cuando tienes al Atlántico de por medio, ésta lejanía es más notoria; La gente, las calles, la comida, el lenguaje, todo es distinto, inclusive tú después de un tiempo te vuelves distinto.

Cuando decidí venir a España, mi objetivo era cumplir un sueño, un sueño que realicé hace algunos meses y el cual pude compartir con mi novio, quizás esa es la razón por la que aún sigo aquí: En Barcelona.

En esta urbe, la diversidad cultural está en pleno auge, es para los inmigrantes la versión europea de "El sueño americano”, solo que aquí no se puede llegar nadando. Al igual que en nuestra versión el problema con el que se topan al llegar son los papeles, es común verlos trabajando en puestos mal pagados, con jornadas excesivas, no importa cuanta preparación ó experiencia tengan, la mayoría de las empresas al saber que no tienen papeles les cierran las puertas de inmediato y es comprensible pues las multas por emplear a un “sin papeles” son indignantes.

Es curioso, pero está situación crea inexplicablemente un fuerte espíritu de unión, en la que te ves inmerso cuando recibes o das ayuda para encontrar un trabajo, una habitación ó simplemente una calle, te vuelve parte de la llamada “Cadena de favores”, debo reconocer que he formado parte de ella en numerosas ocasiones y he sentido la necesidad de echarle una mano a los otros que como yo, saben que aquí no importa si tienes papeles, dinero ó estudios, aquí solo eres un extranjero en tierras desconocidas y los que mejor te entienden son aquellos que viven lo mismo que tú.

Desde el momento en que decides venir a este sitio desconocido, visto solo en fotos, noticias y documentales, la vida cambia, se dejan todas las comodidades que tanto nos han costado en busca de algo más, algo que quizás no sabemos qué es. Y cuando por fin llegas a este lado del charco te das cuenta de que no eres el único, que son muchos los que sintieron esa necesidad de crecer, porque después de que superas el miedo cada experiencia te aporta algo, te hace mejor, te confirma que tu decisión fue la correcta, que no será fácil pero que no hay marcha atrás y que debes pasar por este camino lo mejor posible hasta que regreses a tu hogar.

Una de las cosas que más me han gustado de Barcelona, es ver gente de diversos países en un lugar tan pequeño, por ejemplo, en el metro esta diferencia es en ocasiones evidente, quizás porque en el trayecto de una estación a otra te detienes por un par de minutos a observar a tú alrededor. Cuando ves tantas nacionalidades juntas en un solo vagón del metro llegas a pensar: “En México no se ve esto; Un chino escuchando música en su mp3, a su lado una pareja de españoles platicando, según su acento pueden ser Gallegos, de pié un grupo de gringos con un mapa que seguramente no entienden, una catalana regañando a su hijo por supuesto a grito tendido en catalán, un par de ecuatorianos platicando y viendo sin mucho disimulo el escote de una Dominicana que sentada va hablando por celular, aquí le llaman móvil, un boliviano ó quizás peruano intentando leer el periódico de uno de los dos Colombianos que van junto a él y finalmente un marroquí cabeceando mientras un francés que va al final del vagón lo ve muy divertido mientras busca algo en su diccionario, una escena digna de la Torre de babel.”

Lo más peculiar de este relato es que en Barcelona es tan normal ver cosas como estas que ya hasta me acostumbré, inclusive más del 80% de mis amigos es extranjero, de cada uno aprendo un poco de su cultura, su lenguaje, su comida y por supuesto de sus problemas, que sinceramente no son tan diferentes a los nuestros, pero esa ya es otra historia… en España los mexicanos somos bien recibidos quizás porque nos consideran algo así como sus hijos aunque sin ofender a nadie agradezco que entre nosotros esté ese mar de distancia. Para mí, México es de lo mejor, tenemos una enorme riqueza cultural, histórica, territorial y gastronómica, somos alegres, jacarandosos, románticos, positivos y trabajadores, aunque debo decirlo, algunos un poco impuntuales, tenemos bien puesta la camiseta y creo que eso se refleja no solo en España si no en el mundo entero pues la mayoría nos quiere ó por lo menos nos respeta.

España es un lugar que me gusta mucho, Barcelona me encanta, pero México es de donde orgullosamente soy, conocer la vida en este lado te ayuda a ver con otra perspectiva, yo doy gracias una y mil veces por ser mexicana pero sobretodo por tener la oportunidad de conocer otras raíces, porque así he podido valorar lo que siempre he tenido tan cerca y quizás en ocasiones no he sabido apreciar, ahora, quiero conocer más de mi país, de mi gente, de mis tradiciones y a pesar de los problemas actuales, espero ansiosa el momento de volver.

Por Cecilia Moctezuma
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Friday 9 january 2009 5 09 /01 /Ene /2009 14:54

Camino por las calles de Barcelona, ciudad modernista de Gaudí, hogar del Barça y de Serrat, cuyas orillas se bañan con las aguas del Mediterráneo.

Me siento en una banca de la Rambla y comienzo a observar a la gente que pasa, me emociona formar parte de este escenario en el que los protagonistas vienen de muchos sitios del mundo y conviven sin distinciones, como yo, no olvidan su origen pero están abiertos a conocer más de el lugar que pisan.

                                      

Veo a dos niños que desde el balcón de uno de los viejos edificios que enmarcan la calle miran fascinados a un grupo de turistas, veo a las palomas comer el pan que un yayo (como aquí le dicen a los abuelos) les arroja, han perdido el miedo y se acercan tanto a él que si quisiera podría acariciarlas, volteo al cielo y veo pasar volando a las gaviotas que seguramente se dirigen al puerto de la Barceloneta, escucho a los pericos que escondidos en los árboles hacen mucho ruido, pienso cuanto me gustaría que estuvieran aquí... pero como de momento eso no es posible, me decido a escribir el texto de esta postal.

Ojalá que algún día puedan sentarse en una de estas bancas y conozcan este hermoso sitio que desde el día en que llegué y hasta el día en que me vaya, me verá disfrutar cada día de esta oportunidad.

Que por un momento mis ojos sean sus ojos... extrañándolos como siempre.

 

Por Cecilia Moctezuma
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Thursday 8 january 2009 4 08 /01 /Ene /2009 15:17

Y poco a poco todo se fue dando para iniciar esta aventura y él (mi novio) decidió vivirla conmigo… comenzamos a hacer los trámites en la embajada de España, a vender plata de Taxco en nuestros trabajos, algunas pertenencias y finalmente los coches. A final de año renunciamos, en mi caso a 3 años de trabajo en un sitio en donde las gratas experiencias borraron las malas y los amigos sinceros reemplazaron a los compañeros hostiles, al recoger mis cosas y ver mi lugar por última vez sentí nostalgia, pero tenía claro que mi ciclo ahí había terminado y que mi sueño: Estudiar una maestría en España, estaba por cumplirse.

Lo más difícil fue empacar y despedirme de mi familia, había pasado Navidad y Fin de año con ellos, pero aún faltaba Reyes y yo quería estar en casa para correr hasta el árbol de Navidad encendido y encontrar como cada año mi zapato lleno de dulces, desafortunadamente mi vuelo salió antes pues las clases iniciaban el 08 de Enero.

Esa mañana me encontraba en el aeropuerto diciendo adiós a mi familia y a la de él, nunca habían coincidido ambas familias a pesar de los años que llevábamos juntos y yo quería dar una buena impresión, sin embargo los ojos inflamados de tanto llorar y la tristeza de dejar a los míos no me dejó ser muy sociable, abordamos el avión, lo último que me faltaba; Recordé cuanto miedo me daba volar, creo que es una fobia pues no pude controlar los nervios durante las muchas horas de vuelo.

Llegamos de noche a Barcelona, en un momento de valor pude ver el mar y las luces del Prat de Llobregat en donde se ubica el aeropuerto, el alivio de aterrizar y la emoción de llegar a un sitio nuevo me animaron, ya era tarde y no queríamos ser inoportunos con la amiga Ecuatoriana de una amiga de la familia que nos rentaría una habitación (en la que seguimos viviendo), así es que dormimos en el aeropuerto, bueno si puede decirse así, tuvimos el primer encuentro con un Español que también pasaría la noche ahí para llegar por la mañana a trabajar, no puedo quejarme, era muy agradable y sus palabras me confortaron.

En la mañana llegamos a la casa de la ahora también es mi amiga y dormimos por no sé cuantas horas, ella, su mamá y su hija fueron muy atentas. Poco a poco fuimos conociendo la hermosa ciudad de Barcelona, el cambio de moneda, el transporte, su idioma oficial además del Castellano: El Catalán, sus habitantes y por supuesto nuestra escuela.                                                           

              

La primer compañera que me habló fue una chica de Venezuela, terminamos haciendo equipo para el trabajo final del Maestría con ella y con otras chicas de Brasil, República Dominicana y Santo Domingo, quién diría que ahora seríamos grandes amigas. La diversidad cultural que aquí encontré nunca la hubiera visto en México, pude conocer sus tradiciones, probar algo de su comida, entender sus expresiones y sobretodo, pude comprender lo que verdaderamente significa la frase: La amistad como el amor, no conoce fronteras.

Por Cecilia Moctezuma
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