Wednesday 7 january 2009 3 07 /01 /Ene /2009 15:39

El primer escrito de este blog quiero que sea una especie de relato, la narración de una experiencia en mi vida que ya quedó en el pasado y de la que ahora prefiero sacar solo cosas buenas, quiero iniciar contando este mal sueño porque desde aquel momento siempre que tengo un tropezón o me encuentro desanimada traigo a mi mente la frase que da nombre a este Blog: Cecilia, siempre avanti.

 

El por qué me paso a mi es algo que hasta la fecha desconozco, quizás un descuido o algo que el destino me preparó, aunque desafortunadamente afectó a todos los que me rodeaban en ese momento.

 

Todo inició con un simple dolor de estómago en la fiesta de 3 años de mi sobrino, hubiera sido una fiesta estupenda de no ser porque la Madrina, que era yo, tenía cara de pocos amigos y estaba indispuesta, omitiré un poco los detalles hasta llegar al momento en el que el dolor era tan fuerte que me despertó por la noche y me obligó a pedir que me llevaran al hospital.

 

Mi mamá y mi novio que se quedó a dormir en mi casa por la fiesta (y con el que aún sigo) me llevaron de inmediato, después de varias horas quejándome en la sala de espera del Hospital Gea González de Tlalpan finalmente fui atendida por los médicos, bueno eso creí hasta que después me enteré que fueron los internos quienes me diagnosticaron, en fin, me quedé en observación y al cabo de un rato me enviaron a casa diciendo que solo era una infección estomacal.

 

Pasaron uno ó dos días y aunque todavía tenía dolor, el medicamento que me recetaron lo aminoraba, una noche mi mamá empezó a ver que me ponía amarilla, no sé cuánto habrá tardado mi cuñado en llevarme a un hospital particular, pero cuando llegué con mi hermana y mi mamá, de inmediato me atendieron, me hicieron pruebas y me sedaron. Después solo sé lo que mi familia me cuenta: El apéndice tenía horas de haberse reventado y quizás había infectado los demás órganos, les dijeron que solo había el 0.1% de posibilidades de que sobreviviera y les pidieron contactar a los servicios funerarios, imagino lo que habrán sentido en ese momento.

 

Después de una operación a manos de varios especialistas y del Dr. Tadashi Hirosawa, nombre del Gastroenterólogo que literalmente me salvó la vida, pasé días sedada, en cama y en recuperación, la herida estaba abierta pues después de una primera infección no podían arriesgarse, así es que solo me cocieron la herida interna, debido a las complicaciones tuvieron que dejarme una parte del intestino fuera, la cual acomodaron meses después en otra operación.

 

Lo que ocurrió en esas semanas fue una mezcla entre confusión y miedo constante, mi familia tomaba turnos para quedarse en la sala de espera y visitarme, ahora sé que también para conseguir dinero y poder pagar el hospital, aún no sé cómo agradecerles.

 

Yo no entendía muy bien que estaba pasando, un miedo terrible a dormir me invadió pues cada que cerraba los ojos creía que iba a morir, afortunadamente al cambiar de hospital a uno del seguro social ese miedo fue desapareciendo, creo que se debió a que mi cama era la última y tenía una gran ventana en la que se veían las luces de la ciudad, me tocó compartir habitación con varias mujeres por lo que mi mamá y mis hermanas tuvieron que dormir junto a mi cama con un sleeping.

 

Cada noche pensaba en lo frágil que es el ser humano, pero también en que aún había muchas cosas que quería hacer y que mi familia hacía un gran esfuerzo, tiempo después supe que la casa que nos habría cobijado por años, tenía que venderse para pagar las deudas adquiridas con esta mala pasada.

 

Con los cuidados de mi familia y las visitas regulares al médico, pude regresar a casa, poco a poco me fui recuperando. Casi pierdo el cuatrimestre en mi Universidad por las faltas, era absurdo, pero yo quería graduarme con mis compañeros y tuve que presentar varias materias en extraordinario, aún así al graduarme saqué un promedio por demás sobresaliente, tuve la oportunidad de hacer mis practicas en Radio Formula y conseguir que los padrinos de mi generación fueran la Sra. Cristina Pacheco y el Dr. Ernesto Lammoglia, ambos locutores y reconocidas figuras del medio, para mí fue un gran orgullo.

 

Durante y poco después de mi recuperación pude hacer mis practicas, un diplomado, graduarme y regresar al trabajo, eso hace ya varios años… después de este suceso mi familia se unió en unos aspectos y en otros se dividió por completo, perdí “amigos” que dijeron serlo y resultó que solo se aprovechaban de la situación, gané varias cicatrices, entre ellas una que me atraviesa el estómago verticalmente y otra en un costado, me di cuenta de cuánto amor tuve cerca y de cuantos santos fueron requeridos por mis familiares y amigos para ayudarme, supe que en un momento puedes dejar este mundo, y por eso, decidí aprovechar esta segunda oportunidad para disfrutar al máximo cada experiencia, porque siempre he dicho que las cosas buenas y malas no sirven para aprender y que todo lo que aprendemos nos ayuda a ser mejores.

 


Quiero ver esta experiencia como una llamada para reaccionar ante la vida, ante cada señal, ante cada sueño que esté a mi alcance y no detenerme porque como dice Paulo Coelho en uno de sus libros: Lo único que puede evitar que yo siga adelante es la muerte, y ella, mi amiga y consejera no me dejará ser cobarde un solo día de mi vida…

Por Cecilia Moctezuma
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