Wednesday 15 april 2009 3 15 /04 /Abr /2009 15:32

Muchas veces dije que para mí no había términos medios, las cosas eran de color blanco o negro. Afortunadamente he aprendido que esta regla no siempre debe cumplirse y que además de otros colores también hay matices que salvan nuestras vidas de la monotonía, que algo puede estar lleno de luz sin tener que ser blanco...
 
MOLINOS DE VIENTO
MAGO DE OZ
Si acaso tu no ves  
mas allá de tu nariz  
no oyes a una flor reír
 

Si no puedes hablar  
sin tener que oír tu voz  
utilizando el corazón
 

Amigo Sancho escúchame,  
no todo tiene aquí un porqué  
un camino lo hacen los pies  
hay un mundo por descubrir  
y una vida que arrancar  
de brazos del guión final
 

A veces siento al despertar  
que el sueño es la realidad
 

CORO:
Bebe, danza, sueña  
siente que el viento  
ha sido hecho para ti  
vive, escucha y habla  
usando para ello el corazón  
siente que la lluvia  
besa tu cara  
cuando haces el amor  
grita con el alma  
grita tan alto  
 

Que de tu vida, tu seas  
amigo el único actor
 

Sí acaso tu opinión  
cabe en un sí o un no  
y no sabes rectificar
 

Si puedes definir el odio o el amor  
amigo que desilusión
 

No todo es blanco,  
ó negro: es gris  
todo depende del matiz,  
busca y aprende a distinguir
 

La luna puede calentar
y el sol tus noches acunar  
los árboles mueren de pie
 

He visto un manantial llorar  
al ver sus aguas ir al mar
 

CORO
 

A veces siento al despertar  
que el sueño es la realidad
 

CORO (2 veces)
 

Que de tu vida tu seas amigo  
el único actor.

Por Cecilia Moctezuma
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Monday 6 april 2009 1 06 /04 /Abr /2009 21:12

Salí cuando estaba amaneciendo, después de caminar por unos minutos encontré a un grupo de amigas que conocí en una de las etapas anteriores y decidí llegar con ellas a Santiago, pues a pesar de que subí sola al tren en la estación de Sants en Barcelona, siempre tuve a alguien que caminó conmigo y compartió un comentario.

 

Después de caminar por una hora aproximadamente entramos a Santiago, caminamos por la calles que marcadas con las flechas amarillas nos llevaban hasta el apóstol… ¡por fin! las torres de la Catedral que cada vez veíamos más grandes nos indicaban el final del camino.


     


Entré por el portal de la Gloria, le di un vistazo al interior de la Iglesia y un fuerte abrazo a la imagen de Santiago, a pesar de que solo es una figura, la emoción y el sentimiento de abrazarlo es indescriptible, fui a su sepulcro y le ofrecí mi vieira que lleva colgando el rosario con la imagen del niño médico y la Sta. Muerte que prometí llevar ante su presencia, esto en ofrenda por la enfermedad que ya conté anteriormente, quise dejarlos pero como no encontré sitio adecuado decidí llevarlos hasta Finisterra al kilómetro 0 y guardarlos hasta una nueva peregrinación, no sin antes pedir a los 3 ó 4 Párrocos que oficiaban las misas en diferentes idiomas los bendijesen en grupo.


          


Vi la misa del peregrino, afortunadamente pude presenciar la celebración del enorme Butafumerio que llenan de incienso y balancean por toda la catedral en una de las primeras bancas, escuche la mención del Párroco: Ha llegado hasta Santiago una peregrina de México… entre otros claro está y por supuesto recibir la bendición del peregrino, di las gracias a Dios por darme la fuerza para llegar hasta ahí y por poner en mi camino a todos aquellos peregrinos que guardarán un lugar especial en mi memoria y de los cuales después de la misa, no supe más.



Con el grupo de amigas, a pesar de compartir chocolate y churros por la mañana, también perdí el contacto, pues mi paso por el Camino de Santiago había terminado pero no mi visita por Santiago de Compostela, Finisterra y la Coruña.

 

Creo que el camino de Santiago solo es una forma de demostrarte a ti mismo de qué eres capaz, de ir a tu paso, de escuchar tus pensamientos, de sentir el viento, el sol, la lluvia, todo, en el camino tus ojos se abren más allá de lo físico, de lo cotidiano, de lo humano y te dejan ver lo que siempre está ahí pero que el ajetreo diario a veces te hace ignorar, es una experiencia de vida con toda la extensión de la palabra y yo la recomiendo. 

Por Cecilia Moctezuma
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Monday 6 april 2009 1 06 /04 /Abr /2009 21:06

Salí de Arzúa después del amanecer, esta vez no quise correr riesgos, caminé una vez más por las hermosas vistas de Galicia y sus últimos pueblos antes de Santiago, mi meta estaba cada paso más cerca y yo estaba emocionada.

    
  


Creo que el final de esta etapa es como una prueba, pues después de caminar por días entre hermosos paisajes; un bosque de Eucaliptos y robles te lleva al inicio de una cuesta arriba con tierra y piedras como de construcción que continúa con una carretera asfaltada por la que debes caminar hasta el Monte do Gozo cuidándote de los autos que no pasan muy lejos de ti.


 

Fue la etapa más difícil de mi aventura, había mucho calor y poca sombra, pero de nuevo, alguien apareció y me alegró el día, esta vez era una chica española con una bandera de Argentina, la llevaba con orgullo por petición de un amigo. Caminamos juntas hasta el Monte do Gozo y al lado del monumento que conmemora la visita del Papa Juan Pablo II nos despedimos, ella siguió hasta Santiago que ya estaba a 5 kilómetros pero yo que quería llegar con mucho animo a la ciudad que inspiró mi viaje a España y decidí pasar la noche en el albergue que al principio me pareció un campamento para adolescentes.


    


En la tarde, vi pasar a lo lejos a Pepe, el andaluz que conocí en la etapa anterior, creí que seguiría hasta Santiago pero al día siguiente me lo encontré en la misa del peregrino y resultó que también se había quedado en el albergue, por la noche conocí a una peregrina de la República Checa que me invitó a cenar, ella hablaba inglés pero nos entendimos bastante bien, comimos una deliciosa sopa instantánea, después de días sin comer algo caliente, la sopa sabía a gloria, estuvimos conversando un rato y al terminar fuimos a dormir, era temprano pero al día siguiente llegaríamos a nuestra meta y necesitábamos recuperar fuerzas.

 
Por Cecilia Moctezuma
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Saturday 7 march 2009 6 07 /03 /Mar /2009 21:38

Decidí salir antes del amanecer, pequeño error pues antes de entrar al bosque recordé que no traía linterna, en el camino encontré a un chico de Madrid y le pregunté si podía seguir con él hasta el amanecer, me dio confianza porque lo vi antes con una chica, mientras caminábamos me contó que la chica era su novia y que se había lastimado la pierna, así que iría en bus hasta el siguiente fin de etapa: En Arzúa, provincia de La Coruña.

Después de caminar un rato juntos, incluso después del amanecer, decidimos seguir cada quien a su ritmo, yo estaba feliz de salir airosa del contratiempo y de conocer a más peregrinos, el día era soleado y el cielo estaba tan azul que me hacía sentir parte de una postal, los poblados, la gente, los animales, estaba tan lejos del ruido de la ciudad que podía escuchar mis pasos, en esta región son típicos los cabeceiros, grandes canastos en donde se guarda el maíz. Pasé por Mélide, ciudad famosa por su Pulpo a la Gallega, quise detenerme, pero como iba en plan peregrino, elegí continuar y probarlo al final.





Este día conocí a Pepe, un obrero Andaluz muy simpático, que me contó sobre Sevilla, su comida y sus tardes en los bares de copas, iba a paso lento pero seguro, al igual que con los demás, después de un rato nos separamos para ir a nuestro ritmo, llegué al albergue y tuve suerte, pues solo quedaban 10 sitios, uno de ellos fue para mí, ahí encontré al chico que me ayudó en la mañana con su novia que ya llevaba horas esperándolo.

Tomé un baño, ordené mis cosas y salí a pasear por las calles de Arzúa, no sin antes comprar un poco de su famoso queso para llevar a mi novio y para hacerme un bocadillo, encontré de nuevo a los españoles del albergue anterior y platicamos un buen rato, visite la Iglesia Parroquial de Santiago y me quedé sentada un rato en la alameda, compré más panecillos de chocolate para cenar y regresé a dormir.

Estaba cada vez más cerca de Santiago y de Santiago de Compostela, la ciudad en la quise vivir cuando viniera a España, por circunstancias de la vida terminé viviendo en Barcelona, ahora creo que fue lo mejor.

Por Cecilia Moctezuma
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Thursday 5 march 2009 4 05 /03 /Mar /2009 22:44

Casi al amanecer crucé el puente que va sobre el río Miño desde la villa de Portomarín hasta la montaña e inicié mi segunda etapa: De Portomarín a Palas de Rei.  

Era una mañana lluviosa y con mucha neblina, afortunadamente a esa hora muchos peregrinos emprendían el camino, iba sola pero no tenía miedo, a menos de 10 metros generalmente iba alguien y las marcas amarillas en piedras, árboles e inclusive en el piso, siempre estaban ahí.
 


Con la neblina, los poblados toman otra apariencia, la anécdota de este día pasó cuando escuchamos aullidos y a lo lejos vimos la silueta de un animal, temerosos de que fuera un lobo ó algo así, algunos comenzaron a detenerse, cuando llegué al grupo habíamos como 10 peregrinos esperando a un valiente, por fin uno pasó sin contrariedades y los demás le seguimos, resultó que era un perro del poblado siguiente que estaba parado a medio camino, quizás esperaba ansioso un poco de comida.

 

En el camino de Santiago cada peregrino va a su paso, unos te pasan mientras te  desean buen camino, a otros les deseas buen camino mientras tú eres quien los deja atrás, unos van en grupo, otros solos, unos en bici otros a pié, cada uno a su aire, disfrutando, siguiendo una misma dirección y dispuestos a llegar a Santiago o a Finisterre impulsados por motivos que solo conoce cada quien. 
 

Durante toda la mañana nos acompañó la lluvia, pero no por eso, los paisajes dejaron de ser hermosos, olía a tierra mojada, un olor que me fascina, el camino paralelo a la carretera, las vacas, los trigales, las casas, el bosque, los pueblerinos paseando a sus vacas, el Cruceiro de Lameiros, la Parroquia de Santa María en Gonzar…y  la entrada a Palas de Rei.
 


Nuevamente llegué a tiempo al Albergue de Peregrinos, comí un bocadillo, visité la Iglesia de San Tirso, un pequeño al peregrino, pase frente al Casa do Concello
, caminé por algunas calles y regresé a dormir, el día era algo frío y preferí descansar, no sin antes cenar unos deliciosos pastelillos de chocolate que formaron parte de mi cena habitual durante varias noches.

Por Cecilia Moctezuma
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